segunda-feira, 28 de novembro de 2016

Texto de Espanhol - Ensino Médio - Trimestral de Novembro 2016


Comer saludable, barato y rápido

En la vida actual, sobre todo en las grandes ciudades, es frecuente comer mal, a las apuradas y gastando demasiado en un platillo en un restaurante o una casa de comida rápida.
A diferencia de lo que se cree, es posible comer saludable, barato y rápido, ya sea en el hogar, en la oficina o en las vacaciones.
Aprovecha el desayuno. No hay nada peor que salir a la calle con el estómago vacío. La primera comida del día debe ser la más importante y luego ir disminuyendo las ingestas. Al desayunar en casa no sólo podrás empezar tu jornada con tu familia, sino que gastarás menos y comerás más sano.
Prefiere un desayuno completo en casa, con lácteos, cereales y frutas. Puedes ir añadiendo ingredientes de a poco si no estás acostumbrado.
Cuando estás en la oficina, miras el reloj y te das cuenta que falta mucho para ir a almorzar, pero tu estómago hace demasiado ruido como para esperar. Lo puedes “engañar” comiendo algo.
Presta atención, que no vale cualquier cosa. Nada de dulces, bollería o snacks. Opta por una fruta, una barra de cereal o un puñado de frutos secos (los puedes llevar de tu casa y ahorrar dinero).
Además de que comer fuera sale por una fortuna, la comida no es del todo confiable y saludable. Tal vez no tengas tiempo para cocinar todos los días, pero una buena idea es preparar una porción más en la cena para que sobre y la puedas llevar al trabajo.
Además de consumir comida hecha o de restaurante de lunes a viernes, los fines de semana es muy frecuente salir con amigos o en pareja a comer fuera o bien pedir al delivery. Toda esta comida suele ser grasosa, poco sana y sobre todo, costosa. Prefiere juntarte en casa de alguien y cocinar entre todos (turnarse para que no siempre sea el mismo el que cocina es una buena opción). Si van a pedir comida, que no sea la típica pizza.
Por ejemplo, las frutas de temporada y locales son más económicas que las importadas y de cámara. Además, tienen mejor sabor, son más naturales y te aportarán todos los nutrientes que necesitas.
Prefiere una manzana a un paquete de patatas fritas, por ejemplo.
Bebe agua. No solamente porque es bueno para tu salud y te mantendrá hidratado, sino también porque es más económicas que los refrescos o los zumos industriales. Y como si fuera poco, no te aportará calorías ni ingredientes nocivos para tu salud.
Presta atención a lo que tienes en la nevera. Antes de ir al mercado a comprar, echa un vistazo a tu refrigerador. Esto te servirá para utilizar lo que ya tienes, dejar volar tu imaginación (no hay nada más delicioso que un invento culinario entre lo que se encuentra en la cocina) y evitar tirar lo que está pasado o vencido.
Fijate bien en las fechas de vencimiento o en la apariencia de los alimentos. Trata de consumirlos antes de que se pongan feos.
Aprovecha todo. No deseches aquello que puedes comer. Tal vez no sabías, pero cocinar las patatas con piel te servirá para consumir más de este vegetal, lo mismo que las frutas con cáscara (las que se puede, obviamente). Puedes usar las pencas o las hojas de ciertas hortalizas para hacer rebozados, ensaladas y tortillas, o hasta rellenas. Muchos residuos nos servirían para hacer recetas deliciosas.
Busca precios. No te dejes llevar por las ofertas, controla la calidad e conoce los precios de las tiendas de tu barrio. Y si estás en economía de guerra, vale todo.
Usa más legumbres y cereales. Estos super alimentos no sólo son muy nutritivos, sino que además rinden bastante, porque sacian tu hambre por más tiempo.
Los alimentos que no pueden faltar en tu plan de ahorro y salud y que servirán para que prepares una gran cantidad de recetas, son saludables y no cuestan tanto. Los más recomendables son el yogur griego, la quinoa, la canela, los pimientos, el té verde, la toronja, la sandía, las peras, las manzanas, los huevos, la avena, la sopa, el vinagre, las nueces, la carne magra, el pescado, las patatas, la cebolla, el ajo, el limón y la leche desnatada.